lunes, 18 de noviembre de 2013


                                   Castellarnau, 17 de noviembre de 2013


A.      INTRODUCCION A LOS LIBROS PROFÉTICOS
1.       LA REVELACIÓN DIVINA Y LA PROFECIA
1.1.    El Antiguo y el Nuevo Testamento

A Dios le ha placido otorgar a los hombres una manifestación objetiva de su persona en relación con la raza humana.

La Biblia contiene selecciones de la historia pasada en cuanto tiene que ver con los propósitos de Dios, revela la verdad sobre el plan de redención y nos da indicaciones con miras al futuro.

Esta revelación se ha dado en forma escrita con el fin de asegurar su permanencia y amplia distribución. Ahora corresponde al hombre escuchar la voz de Dios.

El centro del plan de Dios es el Señor Jesucristo, Dios y Hombre, y la revelación escrita se divide en dos partes:
·         A.T., que describe la preparación para el Advenimiento del Verbo eterno, y
·         N.T., que narra su venida, su obra y los resultados de ella.

Sin embargo, la Biblia es una sola revelación divina, de modo que sus profecías no sólo predicen la obra del Mesías, sino que abarcan la consumación del plan de la redención llevado a cabo por el Mesías.
Hebreos 1
1 Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo
                                 “..dijo Dios” (Gén.1)----> “Escrito está..” (Mat.4)
1.2.    El modo de revelación en el A.T.
1.2.1. Las obras de Dios.
La revelación judeo-cristiana es única en su relación  con la historia.

Dios ordena el desarrollo histórico con el fin de que su intervención encerrara en sí lecciones que la humanidad necesitaba y aún necesitan.
Ej.:
·         El diluvio: Dios interviene de forma “quirúrgica” ante la rebelión y degradación del hombre caído y “libre”
·         El llamamiento de Abraham, la formación del pueblo de Israel y el Éxodo, manifiestan la gracia de Dios frente     al ser humano

1.2.2. Los mensajeros de Dios.
Por otra parte, Dios entregaba a ciertos siervos suyos mensajes que habían de llegar directamente a los oídos del pueblo.

Estos “oráculos” (mensaje divino) no sólo revelan la Persona y los propósitos de Dios, si que orientaban al pueblo, haciendo posible que los de corazón humilde ordenasen sus vidas –en variadas circunstancias- según la voluntad de Dios.
Estos son los profetas de los que nos ocupamos en este estudio.

No van separadas radicalmente los dos modos de comunicación, ya que en muchos casos, los acontecimientos históricos necesitaban la explicación profética.
El conjunto de ambos llega a ser el medio de revelación tal como lo conocemos en el AT

1.2.3.  Profetas en el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Aunque leemos de profetas en el NT, no lo debemos interpretar del mismo modo.
·         El NT los Apóstoles eran los encargados de recibir y transmitir la revelación (Jn. 14.26; 15.26-27; 16.13-15; 17.5-18; Hch. 1.21-22; 26.16-26; etc.). En este caso, los profetas eran “auxiliares” en el ámbito de las iglesias locales.
·         En el AT no había más portavoces de Dios que los mismos profetas.

2.       PERSPECTIVAS GENERALES DE LA OBRA PROFÉTICA
2.1.    Antes de Moisés
Toda persona cuya vida, obra y palabras servían para comunicar algo de Dios y de sus pensamientos a los hombres era “profeta” en sentido general:
·         Enoc (ver Judas 14-15 caminaba con Dios, estaba en el secreto de Dios. Tuvo algo que decir a las generaciones antediluvianas.
·         A Abraham se le llama profeta (Gén. 20.7, Sal.105.15). Dios se comunica fluidamente con él. Si bien no se le ve pronunciando oráculos de parte de Dios, hablaba por el significado de su vida como hombre de fe, amigo de Dios. Su mensaje llegó al pueblo de Israel –y a nosotros -, por medio de Moisés.
·         Las bendiciones de Isaac y de Jacob pertenecen a las esfera de la profecía, como predicción de acontecimientos futuros (Gén. 27.27-29, 39-40; 48.20; 49.1-27.
·         Los sueños de José (Gén. 37.5-11, viene a ser palabra de Dios (profecías sobre el futuro, (Sal. 105.17-19)

2.2.    Moisés como profeta.
Si bien merece un comentario especial (más abajo) debe aparecer aquí como eje en la historia de profética de Israel. En escala nacional, todo empieza con Moisés y su misión como profeta también es normativa.

2.3.    Profetas del periodo de los Jueces.
Los “jueces” no eran oficiales llamados a aplicar las leyes –bien que podrían hacerlo-, sino “salvadores del pueblo después de la caída de éste en diversas formas de idolatría
Jueces 4:4
Débora, profetisa, mujer de Lapidot, juzgaba a Israel en aquel tiempo
Jueces 6:7-8  (antes de Gedeón)
7 Y cuando los hijos de Israel clamaron al Señor a causa de Madián, 8 el Señor envió a los hijos de Israel un profeta que les dijo: Así dice el Señor, Dios de Israel: “Fui yo el que os hice subir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre.

2.4.    La nueva era de Samuel.
Pedro menciona a Samuel como arquetipo de profeta, Hch. 3.24
Samuel fue llamado para la transición teocracia – monarquía, y el cambio de estructura política afectaba también  al ministerio profético

2.5.    La decadencia de las monarquías.
Los mensajes proféticos brillan con mayor intensidad contra la creciente oscuridad de los males políticos del pueblo de Israel, especialmente en el Reino del Norte (Israel) por su descarada idolatría. De ahí  la gran importancia del ministerio de Elías y Eliseo (1 R.17 hasta 2 R. 13.20). Ellos y sus discípulos –escuelas de profetas- proclaman la Palabra del Señor ante el culto idolátrico a Baal.

En Judá, pese a la fidelidad de algunos de sus reyes y la presencia del Templo, el sacerdocio y los sacrificios, el pueblo se contaminaba cada vez más con diversos sistemas de idolatría.

En esta época de decadencia, los profetas se destacan más como individuos, siervos de Dios llamados a diagnosticar los males del pueblo, pronunciando juicios sobres los rebeldes y llamando a todos al arrepentimiento.
Sus mensajes subrayan la necesidad de renovar el Pacto y desterrar las religiones falsas.
También servían para reforzar al “Resto fiel”, el “Israel verdadero” (Isaías y Jeremías)
Al mismo tiempo el fracaso del pueblo no podía anular las promesas de Dios, y allá, en los “últimos tiempos”, se veía en el horizonte una obra de gracia de parte de Dios: el Mesías.
Samaria (Norte) cayó en el 720 a.C.
Jerusalén en el 587/586 a.C.

2.6.    Los profetas del Exilio.
Jeremías presenció la caída de Jerusalén desde dentro, mientras que Ezequiel, desterrado a Babilonia anteriormente junto al rey Joaquín, la veía en visiones que comunicaba a los exiliados.

Aunque Daniel estaba dentro de “Los Escritos” por los judíos, el Señor Jesús lo menciona como profeta, Mt. 24.15.
Son escrito proféticos, ricos en simbolismo, que se clasifican dentro del género “apocalíptico”, ya que “descubren” el porvenir a la manera del Apocalipsis (Revelación) del NT

2.7.    Profetas post-exílicos.
Los profetas Hageo, Zacarías y Malaquías ministraban al pequeño resto de judíos que volvieron a su tierra en las condiciones descritas en los libros de Esdras y Nehemías.

Esas condiciones demuestran que este retorno no puede considerarse el cumplimiento de las gloriosas promesas de restauración  de Israel (Jer. 33 por ej.) De hecho, las profecías postexílicas continúan los temas preexílicos, con análogas denuncias del pecado contemporáneo y con promesas parecidas en cuanto al porvenir

2.8.    El periodo intertestamentario.
Durante los cuatro siglos que median entre el ministerio de Malaquías y el de Juan el Bautista, los -escribas intérpretes de la Ley, sucesores de Esdras- llegaron a ser los líderes del pueblo, pero no hubo voz profética. Hasta que Juan el Bautista denuncia la hipocresía religiosa de su tiempo y la pronta manifestación del Mesías. El cierra una época y abre otra, según palabras del propio Señor Jesús, Mat. 11.12-13

3.       MOISÉS. ARQUETIPO DE LOS PROFETAS.
3.1.    Moisés en la presencia de Dios.
La importancia de Moisés descansa en el llamado y los dones que recibió de Yahvé.
Recordemos la envergadura de su misión general mientras consideramos su función profética.
Si bien conocería al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob por los anales ancestrales del pueblo de Israel, su encuentro personal con Dios (Ex. 3 y 4), determina su misión.
Dios había intervenido en la historia, y Moisés era su portavoz para explicar los acontecimientos.

3.2.    Moisés como portavoz de Dios.
Vemos como Moisés habla en el Nombre de Dios frente a las coyunturas normales de la vida, y como también interpreta los propósitos divinos en relación con el plan de la Redención. Una y otra vez Moisés da a conocer la voluntad de Dios en las circunstancias inmediatas de la vida del pueblo.
Además, como dador de la Ley, revela las demandas de la justicia de Dios frente al hombre caído.

Creemos que Moisés es el primero en plasmar sus palabras por escrito, redactando el “Pentateuco”, base de toda revelación posterior (Lc. 24.27, 44)
Deut. 18.17-19

4.       LA PROFECÍA EN LOS SALMOS
Es notable el número de citas de Los Salmos   (MESIÁNICOS) que se hallan en el NT, y muchas de ellas son proféticas, pese a que para nosotros se trata de una obra poética.
Lucas 24:44
44 Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

 

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